Pensar en tiempos revueltos: Cuidados y Crisis Imprimir E-Mail
escrito por Granada+1   
Image Resumen de los debates en la primera sesión ("Cuidados y Crisis") del Seminario "Pensar en Tiempos Revueltos", del grupo Granada+1,  surgido a partir de las Jornadas Feministas Estatales de Granada 2009

 

Cambiando la mirada: Revolucionando la Economía

Desaprender, cambiar la mirada y desprendernos de nuestro modo de vida redefiniendo y revalorizando ciertos conceptos, hoy entendidos a través de la lógica patriarcal –capitalista, podrían ser los objetivos que a medio -largo plazo nos propusieramos.

El sistema patriarcal-capitalista no tiene como prioridad la vida, ni la de los ecosistemas de los que dependemos ni la humana, y tampoco tiene en consideración el cuidado de la misma centrado en la jerarquización sexual dicotómica-mercado hace de la vida un medio al servicio de acumulación del capital llegando a prescindir de ella si lo considera necesario.

Limitada y reduccionista, la lógica de mercado y de crecimiento ilimitado tiene graves consecuencias tanto para el planeta como para quienes lo habitan. Está en riesgo nuestra supervivencia, la de las mujeres y los hombres.

Los patrones de producción y consumo occidental provocan daños sociales y ambientales tanto en occidente como para otras regiones del mundo. Empobreciendo a los países que aportan los recursos, las tensiones causadas por el estilo de vida capitalista no afectan a toda la población por igual. Son las mujeres, de todas partes del mundo, las que generan las condiciones y realizan las tareas necesarias para el mantenimiento de la vida, y, sin embargo el sistema patriarcal –capitalista hace que sean ellas las que mayores riesgos de precariedad y pobreza tienen.

Este es el sistema al que nos enfrentamos: un sistema que está en un momento crítico. Nosotras afirmamos que es una crisis multidimensional, que va mucho más allá del colapso financiero, y que viene de mucho antes de que ese colapso se produjera. Afirmamos también que la solución a la crisis no es posible sin dar un vuelco absoluto a ese sistema. Que un cambio radical es urgente para conseguir nuestro objetivo: sentar las condiciones para una vida que merezca la pena ser vivida para todas-todas-todas.

La realidad es compleja y enriquecedora, tanto como para intentar superar los pares dicotómicos, opuestos y jerarquizados que se nos intenta imponer. Las diferentes dimensiones que configuran nuestra realidad, relaciones sociales, naturaleza, trabajo, alimentación o cuidado, merecen que podamos cambiar la mirada y llegar a una sociedad donde el centro de análisis sea la vida. ¿Debemos apostar por subvertir el mercado, el empleo, la riqueza en términos monetarios y el consumo como motor de la sociedad? ¿Podremos exigir la redistribución de los trabajos remunerados y los no remunerados? ¿Sabremos construir otras formas de vida basándonos en las relaciones sociales, la austeridad, la vida en común y otros usos del tiempo? ¿Qué aporta el feminismo a todo esto?

Capaces de elaborar respuestas que permitan transformaciones estructurales, nuestra apuesta debe partir de la idea de que “la vida vivible se construye en la interacción con otras personas, que la vida se dirime en la vida misma y que no puede procurarse fuera de la vida”; lo que algunas llamamos hacer una apuesta por la Cuidadanía, sin que esta signifique subordinación para las mujeres.

Desde nuestras polifonías y diversidades, al mismo tiempo que compartimos la convicción imprescindible de mirar a la crisis poniendo la vida y el cuidado de la misma en el centro, hemos comenzado a ver, a contra-proponer, sin predefinir ni cerrarnos, estamos abordando ese debate urgente e imprescindible.

¿Y qué tiene que ver con los cuidados esta propuesta de mirar las múltiples dimensiones de la crisis poniendo la vida en el centro? Creemos que, al hablar de cuidados, podemos referirnos a dos cosas distintas. A veces, hablamos de cuidados para referirnos a tareas, actividades o dimensiones de la vida concretas (cuidar tal como lo hemos definido: hacerse cargo de los cuerpos sexuados atravesados por des-afectos, la gestión cotidiana de la vida y la salud). Cuando hablamos de los cuidados como dimensiones concretas de la vida y el trabajo, percibimos que la forma en que estaban organizados se está desestabilizando y reorganizando; que hay una crisis de los cuidados. Pero en otras ocasiones decimos cuidados para referirnos a toda una perspectiva, una manera de entender el mundo y la economía. Una perspectiva que apuesta por poner el bien-estar, la vida que merezca la pena ser vivida en el centro; y que, por lo tanto, pretende descentrar a los mercados, que no sea la relación salarial, ni los flujos monetarios, lo que esté en el eje de nuestro análisis ni de nuestra apuesta política. Hablar de una perspectiva de cuidados en este segundo sentido supone una metonimia (¿incluso una hipertrofia?) de la noción de cuidados. Hay quienes hacen esta crítica, y quizá deberíamos pensarla más. En todo caso, en este taller, partimos de esa perspectiva que pone la vida en el centro para entender y combatir la crisis multidimensional, incluyendo la de cuidados, pero no sólo.

Análisis de la situación actual

La tensión de cuestionar a un tiempo el capitalismo y el patriarcado

Poniendo la vida en el centro, aparecía con claridad la perversión del sistema en que vivimos.

• En el grupo de crisis ecológica y alimentaria: Desde la ruptura con los principios básicos que mantienen los procesos vitales: interdependencia, equilibrio, complejidad, diversidad, a base de romper equilibrios, sobrepasar límites, negar la biodependencia, arrasar y generar desigualdades se considera inviable seguir manteniendo y extendiendo el modelo de organización actual que pone en riesgo nuestro propio futuro.

• En el grupo de crisis y relaciones sociales: Aparecía la familia como relación predominante, siendo difícil la construcción de colectividad. Sociedades de personas aisladas. Ciudadanía que se relaciona con su Estado como clientela (impuestos a cambio de derechos). Relaciones bañadas por la lógica de la jerarquía y del beneficio. Materialismo, individualismo, competitividad, independencia total (“yo puedo con todo”), familismo, fugacidad, superficialidad, machismo, heterosexismo, valores que impregnan y conducen nuestras relaciones. Vivimos en un sistema que pone en crisis nuestras vidas, que nos genera frustración por no lograr las altas exigencias que nos plantea, pero, a la vez, sentimos satisfacción cuando llegamos a ellas. Estrés, aturdimiento, mala salud, homogeneización de las relaciones, pérdida de espacios, escasa participación política y social, hambre de tiempo, injusticias, son algunos de lo resultados que atraviesan nuestro cotidiano y nuestros cuerpos.

• En el grupo de crisis trabajo-cuidado: Nos encontramos con un concepto de trabajo vinculado al empleo, como portador de ingresos económicos, reconocimiento social y derechos. Única garantía de satisfacción de necesidades que se intercambian a través del capital. Necesidades impuestas por la dinámica del sistema de consumo la cual es perversa y excluye aquel o aquella que no se incorpora por imposibilidad o decisión. Marginación e invisibilización social como consecuencia y parte de una estructura jerarquizante que únicamente es sostenible con la presencia de estas; explotación, dominio, exclusión. División sexual del trabajo que sitúa en primer orden a las mujeres y al trabajo de cuidados y mantenimiento de la vida, por construcción, en las capas más bajas de la estructura (las que sostienen la misma) y con ello expuestas a la mayor sobreexplotación y sobrecargas.

Parece complicado intentar establecer un análisis crítico sobre las características y consecuencias comunes del sistema “patriarcal-capitalista” sin que nos quedemos en una parte de las dos, bien sea el patriarcado o el capitalismo. Entretejer las variables género y clase, capaces de examinar nuestra compleja construcción social, superando las categorías estancas poco reales sigue siendo un reto.

Reto necesario de abordar para posibilitar la construcción del futuro, de manera que no sea sólo una suma de deseos de una parte y otra, que no es poco y supondría bastante cambio, sino que se establezca un diálogo entre ambas tanto en el análisis como en las apuestas.

El capitalismo como droga pura

¿Hay valores propios de la Ilustración, sobre los que se ha construido el capitalismo, que han enganchado bien con algunas reivindicaciones feministas? ¿Son valores en cuyas tensiones no hemos sabido manejarnos bien y han terminado por intoxicarnos, por írsenos de las manos? Se trata de valores que han aparecido en los tres grupos. Entre ellos, dos clave:

• La libertad individual: que de facto ha derivado en un individualismo pernicioso. Pero que ha sido históricamente una exigencia del feminismo, intentando liberarnos de esa vida donde estaban “los hombres” en el centro, nos propusimos librarnos del construirnos a través del dar nuestra vida a otras personas, realizamos una apuesta por NO PONER AL RESTO POR DELANTE DE NOSOTRAS.

• La ausencia de límites: ha derivado en un delirio de omnipotencia. Pero en un contexto de imposición de fuertes limitaciones al movimiento, a los espacios, a la sexualidad, al acceso a los recursos etc. el romper con los límites ha sido y es muy potente para las mujeres. Sin embargo la negación de los límites físicos del planeta y la propuesta del crecimiento y desarrollo que la acompaña nos conduce a una situación de hurto a otros territorios y a otras generaciones.

¿El reto es por tanto situarnos en las tensiones y desintoxicarnos?

 

Horizontes: Caminando hacia los sueños

La vida en el centro: ¿pero qué vida?

Nos preguntábamos cómo traducir esa apuesta inicial, “poniendo la vida en el centro”: ¿qué vida? ¿La vida individual de “las mujeres”?, ¿o eso es reproducir dinámicas individualistas con las que queremos romper?, ¿la vida colectiva entonces? Sin embargo, en tanto que mujeres, ¿tendemos a poner en el centro nuestra vida, o la vida del resto?, ¿apostar por poner nuestras vidas en el centro no es en sí un movimiento de ruptura? ¿Cómo conciliar ambos movimientos estratégicos: una autonomía comprometida con una colectividad liberadora?

La vida de las personas necesita de la vida y salud de los ecosistemas. Si estos no nos sostienen ni siquiera podremos hacernos estas preguntas. ¿Es posible defender nuestra vida –ya sea individual o colectiva- sin poner también en el centro la vida de nuestro medio natural? Además, ¿hacia dónde queremos canalizar nuestros tiempos y esfuerzos que en definitiva es nuestro trabajo? ¿Qué parte se lleva lo individual y que parte queda en lo colectivo? ¿Son antagónicas o complementarias? ¿Qué queremos, qué pensamos a este respecto? ¿Hacia dónde queremos dirigir nuestras energías teniendo en cuenta la comunidad, el desarrollo personal y colectivo en armonía y en conjunción con el medio que nos rodea? ¿Cómo integrar todos estos elementos nucleares y básicos?


El buen vivir

La necesidad de cuestionar la concepción habitual de desarrollo, de bienestar (como apuestas de cambio, metas a las que llegar) aparece claramente en los tres grupos. La idea del buen vivir suena prometedora, pero inmediatamente aparece el debate de qué es eso.

Necesitamos debatirlo. CUÁNDO, DÓNDE, CÓMO.

Aparecen aquí muchas preguntas:

• ¿Tenemos las mujeres una idea más inclusiva del buen vivir que los hombres, derivada de esa experiencia histórica de poner en el centro la vida del resto (más que la nuestra), si bien ahora estamos intentando recuperar la nuestra propia?

• Vivir con menos para vivir mejor: esto exige poner límites, pero ¿cómo?

• Cómo dibujarlo sin la influencia de la intoxicación capitalista

• Cómo debatir sobre las necesidades esenciales

Una apuesta por los límites

Esto aparecía también en varios grupos (sobre todo, en el de crisis alimentaria y ecológica, y en el de trabajo). Necesitamos límites por abajo, marcados por las necesidades “básicas”, o por un determinado nivel de buen vivir que consideremos que debería ser accesible para todas/os y que, por lo tanto, es responsabilidad social. Pero también límites por arriba, que vengan marcados por  criterios éticos, y por esa plena conciencia de que vivimos en un mundo limitado. ¿Cómo definir los límites y cómo hacerlos cumplir? ¿Cómo conjugar libertad y límites? ¿Es lícito exigirlos desde un poder público? ¿Desde un mandato comunitario? ¿Cómo hacerlo sin añadir nuevas sobrecargas? ¿Sin “morir” en el intento?

Alternativas, acciones
Cambio cultural o intervención “proactiva”

En los tres grupos aparece constantemente la disyuntiva: ¿lo que necesitamos es un cambio cultural, en los imaginarios, en la simbología, en la educación? ¿O mejor debemos apostar por medidas más concretas y más inmediatas? ¿El cambio cultural es necesario para que las transformaciones se mantengan en el tiempo, pero no podemos esperar a que ocurra?

¿Discurso rupturista y medidas reformistas?

Nos cuesta elaborar propuestas concretas, y en esa complejidad nos cuesta además que sean tan rupturistas como el análisis que a priori intentamos elaborar. Nos quedamos o las proponemos desde lo “construido como posible”. A menudo parece que aquí tenemos más reservas para, sobre todo, limitar la acción de las empresas. Por ejemplo, vemos que en el ámbito de los cuidados hay una clara contradicción entre el capital y la vida y no queremos que las empresas los protagonicen. Por otra parte está el debate sobre las estrategias a seguir para conseguir hacer real lo propuesto. Manteniendo la tensión entre que sea conseguido mediante la libertad o mediante la imposición, entrando esta segunda en conflicto con el discurso de capacidad de elección sostenido desde un principio.

El dilema con los conceptos

De manera recurrente, en los tres grupos, aparece una incomodidad con los conceptos de los que disponemos. No nos gustan, no nos sirven para nombrar: cuidados, familia, vida… ¿Y entonces?, ¿cómo inventar nuevas palabras, dado el grado de contaminación que tienen todas? ¿Qué rescatamos, qué desechamos? ¿Inventamos otros o los recuperamos? Siempre podremos discutirlos, pero al final que las palabras no nos frenen; tengamos apertura para aceptar aquellas con las que otras personas se identifiquen más, pero profundicemos en los significados, en el trasfondo. Nos interesan las personas, sus derechos, su desarrollo.

Lugares concretos en los que intervenir

Desde las tres ópticas, aparecían espacios de intervención recurrentes:

• Valores para una posible ética: diálogo y negociación, reconocimiento de la diversidad, elección en la reciprocidad de las relaciones (frente a la imposición de lo supuesto), respeto, horizontalidad.

• Los tiempos y ritmos de la vida son cíclicos y lentos. El capitalismo ha roto con esos ritmos imponiendo una velocidad que hace chirriar los tiempos vitales. Poner la vida en el centro es disminuir la velocidad, la construcción de la equidad necesita de tiempos largos, la jerarquía se maneja a toda velocidad. El patriarcado necesita poco tiempo para ponerse de acuerdo. El feminismo va lento. Pero la realidad nos arrolla ¿Hay tiempo para ir despacio?

• Las ciudades se han construido con criterios androcéntricos y mercantilistas. Sus distancias, su individualismo, su inseguridad son regalos para el mercado y para el patriarcado ¿Cómo reorganizar las ciudades, sus espacios públicos, sus servicios de modo que su centro sea la vida? ¿Cómo invertir la jerarquía de poder (de sexo, clase, etnia) que reflejan? Más aún: ¿son viables nuestras grandes ciudades? ¿Entonces nos vamos al pueblo, donde la presión social recorta nuestra libertad? ¿A dónde vamos?

• La familia: necesitamos trascender el modelo impuesto por otro tipo de relaciones de convivencia, más allá de la familia de origen, de los lazos –a veces, nudos- de sangre. Necesitamos una organización social bañada de otros valores, lo que nos lleva a otro lugar…

• Empresas: exigencia de una mayor responsabilidad social (vía tributaria, o políticas de empleo) y, a la vez, disminuir su poder de influencia y condicionamiento de las relaciones sociales. No queremos guarderías en las empresas, pero sí que sus beneficios redunden en el bienestar colectivo, que haya reducción de jornada laboral.

• Partir de lo micro e ir hacia lo macro: redes sociales, colectividad, barrio, ciudad…

• Desarrollo local sostenible a partir de una economía social

• No vinculación de los derechos sociales al empleo

• Los cuidados como valor, colectivización de cuidados, redes de cuidados

• Revalorización del empleo vinculado al trabajo de cuidados: empleadas del hogar al régimen general

• Apostamos por una reducción de la jornada laboral que permita una conciliación con la propia vida.

• Queremos unos servicios públicos y gratuitos garantes de cubrir las necesidades básicas de las personas

• Establecer límites en los beneficios económicos y la inversión social de los mismos

• Distribución de las tareas sin asignación de roles

• Permiso de Paternidad Obligatorio e Intransferible

¿Reinventando la comunidad?


Vemos que la tendencia al crecimiento sin fin de las ciudades, espacios medioambientalmente insostenibles, en los que es imposible reconstruir una relación saludable con el proceso alimentario, basados en la relación social “inexistente” del anonimato, es el camino por el que no debemos transitar. Pero, ¿y entonces? Hablamos de reconstruir comunidad, pero la comunidad ha sido históricamente un mecanismo de control hacia las mujeres, de imposición de límites vitales. No se trata ni de reconstruir ni de recuperar comunidad, sino de inventar una comunidad que nunca ha existido. De inventarla partiendo de la tensión de exigir libertad y espacios vitales de suficiente amplitud, pero reconociendo los límites. ¿Cómo hacer esto? La invención de la comunidad implica inventar también unidades de convivencia, que sin caer en el individualismo (imposible de sostener, ficción del sujeto neoliberal) tampoco hereden las ataduras de la familia patriarcal.

 
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